Concurso Relatos Terror 2016

 Queridos fans de Gran Canaria Paranormal.

A continuación, nombraré a los participantes del concurso de Relatos de Terror 2016, especialmente a las tres personas que tuvieron mayor votación, resaltando por supuesto a Teresa Peñarrubia, ganadora del concurso.

He decidido añadir todos los relatos ya que el total de los participantes son merecedores de aparecer en esta página y así el lector también puede deleitarse leyéndolos.

Simplemente quiero dar las gracias una vez más por la participación y espero verles en la próxima edición del concurso de relatos de terror.

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Teresa Peñarrubia – 44,1% votos

Camino peligroso. La noche era oscura. Andrés caminaba solo por aquel camino tenebroso. Sólo con una pequeña luz de su móvil iluminando el sendero. Se sentía angustiado, pero a la vez pensaba que no tenía ningún motivo para ello. Era temerario, le encantaba la aventura, los deportes de riesgo… Todo lo relacionado con traspasar los límites. Solo, en aquel paraje, se sentía vulnerable. Escuchó un ruido como de pasos entre los árboles. Se paró asustado, y gritó – ¿quién anda por ahí? – Aceleró el paso caminando deprisa, ésta vez escuchó una voz áspera, desagradable, que lo llamaba por su nombre – ¡Andrés! -. Echó a correr sin mirar atrás, tenía que llegar a la cabaña que había alquilado con sus amigos. De pronto frenó en seco, su cara empezó a cambiar entendiendo lo que sucedía. Su amigo Juan le estaba gastando una broma – ¿eres tú, Juan? Vete a paseo, te pillé. No conseguirás asustarme – dijo. Se cruzó de brazos tozudo, esperando sorprender a su amigo. Bajo un árbol, vio una sombra oscura. Ya era suyo, ahora sería el que asustara a su amigo. Fue acercándose despacio. Conforme se aproximaba podía ver una figura extraña, que lo atribuía a algún disfraz comprado – Qué imaginación tiene este Juan, menudo susto se va a llevar – pensó. Cuando estaba encima, le tocó el hombro diciendo – ¡te pillé! – al girarse, pudo ver que no era su amigo. Se trataba de una horrible mujer que estaba llena de sangre, le colgaba un trozo de carne de por comisura de su boca, la cual era muy grande. Sus ojos eran descomunales, lo miraban idos pero con rabia. Tenía el pelo negro y muy enredado, dándole un aspecto de zombi. De pronto, al mirar al suelo, pudo ver a su amigo Juan destrozado a mordiscos. Se quedó paralizado, mientras ella se lanzaba hacia su cuello mordiéndole la yugular. Lo desangró así a bocados. Todo el personal del hospital psiquiátrico estaba buscándola. Llevaba muchos años encerrada allí, había cometido el asesinato más atroz que una mente humana pudiera imaginar. Se había comido a su marido y a sus tres hijos. La encontraron devorando lo que quedaba de ellos en un estado demente. Tiempo atrás había entrado en una secta satánica, donde la llevaron a la locura. Ahora había conseguido escapar, llevándose por delante a tres guardias, dejándolos desangrados. Al día siguiente un campesino se dirigía hacia su huerta. Allí encontró los cuerpos desangrados y a mitad de comer de los dos amigos. Nunca encontraron a la loca caníbal. Ten cuidado cuando pases de noche por el camino. Si te la encuentras, no saldrás vivo de allí. TESA.


 

Leticia Santana – 37,7% votos

“…Aquella noche en el bosque solo se oía el jadeo de Mary a la carrera. Huía de su madrastra. Había quedado huérfana a muy temprana edad y su padre por desesperación había contraído matrimonio con una vecina solterona. Aquella noche Mary había salido a cenar con su novio, de regreso ya en su casa había cogido a su madrastra Ana invocando a mil demonios infernales en el sotano. Y solo se le ocurrió salir corriendo al ver aquel espanto. Mientras corría a través del bosque fueron aflorando recuerdos de su niñez, de como su madre le cantaba mientras se bañaba o como le contaba cuentos al dormir. Solo había recuerdos, lágrimas y silencio que helaba la piel. Sin darse cuenta había llegado a las puertas de un cementerio o éso le pareció a ella, quedó pensativa, no recordaba a ver visto aquel lugar en mitad de la nada. Una gran puerta semiabierta se levantaba ante ella, flanqueada por gárgolas aunque faltaba una, solo veía un pedestal vacío. Cruzó aquella puerta, cubierta por negras hiedras empujada por una fuerte curiosidad. Los cementerios suelen estar llenos de ángeles con caras misericordiosas no de gárgolas, pensó. Camino por aquel cementerio entre tumbas y mausoleos con raros caractéres, arrastrando sus pies por el cansancio se dio cuenta que las tumbas se encontraban vacías…todas. La curiosidad pasó a convertirse en miedo, cuando oyó un extraño silbido que salía de un mausoleo a su derecha. Sin darse cuenta se vio arrastrada a él. Dentro vislumbró al fondo unas escaleras, bajó por ellas hasta verse en una sala circular iluminada por antorchas. Sus paredes estaban cubiertas por negros tapices con un símbolo dorado, un semicírculo. En el centro de la sala había dos sarcófagos abiertos cubiertos de la misma negra hiedra que había visto en la entrada de aquel extraño lugar. Ya no podía mas quiso salir a la carrera tropezando en las escaleras cayendo de bruces, al querer levantarse vio ante ella como de la nada surgía una figura. Con estupor reconoció a su madre. Le contó que su vecina la había maldecido a “vivir” en aquel lugar, un lugar entre el descanso eterno y la vida terrenal. “Mary si quieres liberarme debes acabar con Ana, debes derramar tu sangre sobre la gárgola de la entrada, ella te ayudará” dijo aquella aparición afligida. Mary cogió del suelo una piedra afilada y se hizo un corte en la palma de la mano, pasándola después sobre la fría piedra de la gárgola. Ante sus ojos vio como la criatura cobraba vida, arrodillada ante ella le espetó “Dame un nombre”. Entre susurros dio el nombre de su madrastra, acto seguido el ser infernal se irguió y salió volando. Ana se encontraba haciendo la cena cuando oyó un estruendo en el jardín, dejando la sopa al fuego salió a ver que ocurría. No se le veía asustada al ver aquella criatura en medio de su jardín, al contrario, en su cara se dibujó una sonrisa y dijo “te estaba esperando”. De repente Ana empezó a sentirse mal, su cuerpo se retorcía haciendo soltar alaridos de dolor, de su cabeza crecieron unos cuernos, del final de su espalda una cola y su altura se duplicó. En aquel momento la criatura le dijo, “has dejado la puerta al descubierto demasiado tiempo, hoy dejarás de existir”. Empezó una lucha descomunal, donde los fuegos quemaban piel, donde mordidas desgarraban miembros, donde arañazos hacían sangrar. Después de veinte minutos Ana yacía moribunda, con su cuerpo humano, en medio del jardín. La gárgola esperó a que llegara Mary y le contó….. “Del lugar de donde yo vengo las almas no descansa en paz, mi labor es custodiarlas y también era el labor de Ana. Ella un día soñó con ser humana y escapó. Hoy desaparecerá como yo, no te acordarás de nada, y todo seguirá igual. Menos tu madre, ella cruzará en paz a la luz” La criatura cogió en sus brazos el cuerpo destrozado de Ana y hechó a volar dejando a Mary en medio de su jardín totalmente ordenado. Amanece “hoy va a ser un día fantástico” pensaba Mary cuando oyó desde la cocina a su madrastra llamándola a desayunar………………….”


 

Ibán – 11,18% votos

MAFASCA Dicen que nunca nos vamos del todo. O eso creía mi abuela fervientemente hasta sus últimos días. Recuerdo desde pequeño que siempre contaba una historia, un hecho que vivió cuando era muy joven, algo que ocurrió una noche de finaos, en la que las familias recordaban a sus difuntos, y velaban por todas aquellas personas que habían llegado a su fin. A pesar de haber pasado muchos años, aún la veo estremecer en mi cabeza, como si la tuviera delante, aunque de esto hace ya mucho. Era una noche clara y de luna llena, algo extraño en esa época del año. El olor a leña fusionado con el de las castañas tostadas inundaban las calles, y las familias estaban reunidas en sus casas mientras degustaban las castañas, nueces y almendras, que eran los frutos de la temporada acompañándolos con vino dulce, anís y los mas mayores con ron miel. Esa noche dos hermanos con sus novias cruzaron el pueblo en dirección a la playa para pasear por ella, ya que la noche invitaba a ello. Eran unos jovenzuelos, el mayor de ellos Tomás, tenía tan solo 19 años y su hermano Roque era de 17. Mi abuela que vivía al lado, había crecido con ellos, ella era la menor de cuatro hermanos y tenía 16 años cuando ocurrió todo. Según lo contó Tomás varios meses después, mientras iban de camino a la playa se encontraron con Alcira, una de las chicas que más pretendientes tenía repartidos por todo el pueblo, pero nunca hacía caso a ninguno. Las mas ancianas del pueblo decían que era una lástima que se quedara solterona, y en esa época con 25 años y sin compromiso no era lo habitual. A los chicos les extrañó verla sola siendo de noche, pero saludó sin detenerse y continuó su camino. Ana la novia de Roque comentó que su madre le había contado, que Alcira había estado una vez enamorada de un chico de otro pueblo pero murió en un trágico accidente. Aquella historia puso a Tomás la carne de gallina. Los muchachos continuaron caminando hasta llegar a la playa, una vez allí se sentaron en la arena y se pusieron a charlar los cuatro durante largo rato. A medida que avanzaba la noche, el frío y la humedad del mar empezaba a calar hasta llegar casi a los huesos. Carmen la novia de Tomás comenzó a temblar de frío a su lado, Ana estaba igual. Aún así se encontraban tan a gusto que a Roque se le ocurrió hacer una hoguera en la arena para entrar en calor, proponiendo buscar restos de algo que pudieran quemar. Las dos parejas aprovecharon y cada una fue en direcciones opuestas de la playa buscando algo que no estuviese mojado y les fuera útil. Tomás y Carmen llegaron primero que los otros dos, habían conseguido unos matojos de aulaga seca que podían quemar. Mientras esperaban decidieron ir prendiendo los restos que habían encontrado. Ya con la llama viva y ardiendo, en el otro extremo de la playa venían acercándose Roque y Ana. Cuando llegaron al pie del fuego, Tomás, se dió cuenta de que traía en las manos dos trozos de madera unidos que formaban una cruz, con las iniciales MFC. Al preguntarle, Roque le dijo que era lo más seco que había encontrado, y que parecía llevar allí mucho tiempo, que nadie la echaría en falta. Ana enseguida dijo que eso no era así ya que al pie de la cruz había una rosa roja y también le había insistido en que la dejara allí. Tomás se enfadó y le ordenó que la devolviera al lugar donde la había encontrado, que tenía que obedecer a su hermano mayor. Roque haciendo caso omiso, tiró la cruz en la hoguera. Al caer dentro la llama creció y se levantó de tal manera que tuvieron que hacerse hacia atrás, hasta Carmen dio un pequeño grito. La llama comenzó a calmarse y redujo su tamaño, pero un gran número de partículas de brasas brotaron de la fogata y se levantaron con el viento envolviendo a los jóvenes. Una de las lumbres, por un momento pareció tener vida propia, voló hacia el pequeño de los hermanos, se detuvo delante de el unos instantes y bajo al suelo hasta apagarse. Ana dijo que quería marcharse. Carmen se puso a su lado aprobando la decisión de Ana. Entonces los dos hermanos sin decir nada apagaron el fuego echando arena por encima y se fueron. Durante el camino todos se mantuvieron en silencio. Roque acompañó a su novia hasta la casa ya que era la que vivía mas lejos y se separó de Tomás y Carmen, apenas se despidieron y cada uno siguió su camino. Pasó mas de una hora y Tomás no había escuchado llegar a su hermano a la casa, estaba acostado pendiente, ya que sus padres dormían. Entonces salió de la habitación para mirar si estaba en la suya, y allí lo vio sentado en la cama con la cabeza agachada. Le preguntó que le pasaba, y parece ser que le contó que cuando había dejado a Ana en su casa, mientras venía de regreso solo, una de las brasas le había seguido hasta la casa, y estaba asustado. Decía que seguro era por la cruz que había tirado en la hoguera, y que tenía que haberle hecho caso, y no lo hizo. Tomás le restó importancia al asunto e intentó tranquilizarlo. Le dijo que seguro que fue alguno de los vecinos con un quinqué para asustarlo. Roque respondió a su hermano diciéndole que esa misma mañana iría a buscar los restos de la cruz que quedaban en la hoguera y que la devolvería a su sitio, aunque tuviese que hacer una nueva. A Tomás no le pareció una mala idea. A la mañana siguiente, Tomas se levantó temprano para ir a trabajar con su padre que era carpintero, y estaba aprendiendo el oficio ya que quería continuar con el. Roque ya no estaba en la habitacíon así que supuso que había bajado a la playa. Pasaron las horas y Tomás vio salir a su padre del taller en dirección a la casa. Soltó lo que estaba utilizando para ensamblar una ventana que estaba haciendo y se asomó por la puerta. Fuera de su casa se encontraban una de las vecinas y su novia Carmen que estaba sentada al lado de su madre, la cual lloraba desconsoladamente. Tomás corrió hacia la entrada y allí la madre le dio la noticia. Roque había muerto atropellado por un coche muy cerca de la playa. El pueblo tardó en recuperarse de lo sucedido aquella mañana de todos los santos, y nunca olvidaron la historia de Roque. Tomás en su memoria, talló en un trozo de madera una cruz a la que añadió las iniciales de su hermano RDM, y la dejó en el lugar donde había sucedido tal desgracia. Al principio calló lo que Roque le había contado la noche anterior siendo presa del miedo. Su novia Ana se culpó de lo sucedido y entró en depresión. Tardó mucho tiempo en recuperarse. La última vez que Tomás la vio, le contó que la cruz que Roque quemó era del prometido de Alcira, que ella aquella noche cuando se la cruzaron, había bajado hasta la playa para dejarle una rosa allí por el día de los difuntos, ya que había fallecido en ese mismo lugar a causa de un accidente. Con el paso de los meses, comenzó a extenderse una historia, muchas personas empezaron a contar que a veces, cuando las noches eran muy oscuras, se encontraban con una luz, algo que centelleaba en la oscuridad y que seguía los pasos de los caminantes solitarios hasta llegar a su destino, para posteriormente desaparecer en la oscuridad de la noche. La gente del pueblo empezó a tener miedo de transitar sola de noche porque no sabían lo que era. Las mujeres y niños se asustaban al escucharlo. Llamaron a aquella misteriosa luz Mafasca. Entonces fue cuando Tomás contó su historia, y lo que le había pasado a su hermano antes del desgraciado accidente. FIN

murcielago


Patricia Rodríguez

Entre sus brazos Nunca fui una chica normal, al menos en la definición de normalidad entendida y aceptada por todo el mundo. La mayor parte de mi adolescencia la pasé en casa, leyendo cómics encerrada en mi cuarto, no fui al colegio hasta que no tenía diez años cumplidos, cuando mi madre quedó viuda y no le quedo otro remedio que ponerse a trabajar para mantenernos a ambas. Mi nombre es Alejandra, supongo que con la introducción que he hecho con anterioridad, se pueden hacer una idea de mi…la típica chica solitaria, con graves problemas para las relaciones sociales,una pobre inadaptada social. Están en lo cierto, soy todo lo anterior o incluso algo peor, pero a mi no me parece algo por lo que compadecerme, nunca quise ser como la mayoría, siempre quise ser diferente y en cierto modo lo he sido, desde mi infancia hasta el día de mi muerte. Esa tarde estaba siendo especialmente tranquila, las horas pasaban con lentitud en el reloj negro colgado al final del pasillo que daba a la sala, podía escuchar mis pasos resonando por toda la estancia. Busque algún programa de radio con el que entretenerme hasta que llegara la hora de cambio de turno, aun me quedaban cinco horas y nada de trabajo por delante. Las personas tienen la extraña costumbre de no morirse en verano y la mayor parte de ese tiempo, me dedicaba a hacer inventarios y acondicionar la sala. El sonido del timbre me sacó rápidamente de mis pensamientos, había un usuario al que acondicionar. Mi compañero siguiendo el procedimiento habitual, lo coloco en la camilla metálica para llevarlo con comodidad a la sala y me hizo entrega de la documentación del fallecido. Había sido una muerte por causas externas por lo que no sería necesaria una reconstrucción al uso, tan solo asear y maquillar. Alberto Ramos… ese nombre me sonaba familiar, hice una comprobación de la documentación para verificar la causa de la muerte y las peticiones de los familiares. Alberto Ramos, varón, 32 años, causa de la muerte: suicidio, acondicionamiento básico regular. Levante la sábana que cubría el cuerpo, con una mezcla de sensaciones en mi cuerpo, y un escalofrío que recorría mi columna de arriba a abajo. Era él… Era él… Ese cadáver que yacía encima de la camilla, era el chico por el que había estado colada la mayor parte de mi adolescencia, hace algunos años le perdí la pista y nunca supe nada de el…hasta el día de hoy. He de decir, que a pesar de ser la causa de su muerte el suicidio, su rostro tenia una expresión de paz, como si detener su vida, le hubiera dado una tranquilidad absoluta. Estuve un largo rato observándolo y llegaban a mi memoria recuerdos del pasado, él nunca supo de mis sentimientos e incluso tengo mis dudas de que supiera mi nombre o siquiera de mi existencia… El tiempo no había hecho mella en él, estaba incluso más guapo que cuando éramos adolescentes. Quizás si hubiera sido un poco más valiente, podría haberme hecho notar y confesarle los sentimientos que tenía por él… quizás, pero la realidad es que él era uno de los muchos usuarios que pasaban por mis manos. Empecé a desvestirlo para asearlo, descubrí en su cuerpo varios tatuajes, tenía buena musculatura y aun el rigor mortis no había hecho aparición, el cuerpo aun conservaba el calor corporal, realmente parecía alguien dormido más que un reciente fallecido. Y sin darme cuenta, empecé a hablarle, me presenté tal y como debía haberlo hecho hace mucho tiempo y le conté como me sentaba detrás de su pupitre en clase. Como lo esperaba por la mañana temprano para verlo llegar y lo importante que era para mi verlo sonreír cada día. Le conté mi vida desde que dejé el instituto,las peleas con mama y lo sola que estaba, no había conseguido hacer amistades más allá de la típica relación cordial con los compañeros, no tenía con quien hablar. Sin darme cuenta, habían pasado varias horas y en el tanatorio, solo estábamos Miguel y yo. Le llamé, pero no obtuve respuesta, supuse que estaría durmiendo, ya que sin servicios y a esta hora de la noche, aprovechaba para echar alguna cabezadita. Alberto yacía en la camilla, ya había terminado los servicios de acondicionamiento y lo había colocado dentro del féretro. Estaba aun mejor que antes, parecía un apuesto príncipe dormido…una idea loca cruzó por mi mente… Quería saber que se siente al estar entre sus brazos… Lo sé, cualquier persona en su sano juicio diría que estoy loca por querer acurrucarme en los brazos de un muerto… pero era él, era Alberto. Nadie puede imaginar la cantidad de veces que soñé con el, la cantidad de veces que deseé estar cerca de él y no pude, esta era una oportunidad de oro, que no podía dejar escapar. Cuidadosamente levanté la sábana y me metí dentro del ataúd, levanté su brazo izquierdo y lo coloqué de tal forma que me rodeaba hasta la cintura, apoye mi cabeza sobre su pecho. Su cuerpo había empezado a perder movilidad y estaba frío, pero no importaba, cerré los ojos y le acaricié el pecho. Desperté y solo vi oscuridad, no sé cuanto tiempo estuve dormida… Me sentí algo mareada y con la sensación de que algo iba mal…¿donde estaba? Empece a llamar a Miguel con desesperación…estaba encerrada! Seguramente había metido ya el ataúd dentro del coche, empecé a maldecir la ocurrencia de acurrucarme junto al muerto. Intente tranquilizarme para pensar con mas claridad, tenia que buscar una estrategia para salir de la cámara y para conseguir esto tenía que comunicarme con Miguel como fuera. Tanteé mis bolsillos, buscando mi teléfono móvil, pero no…no estaba, al asear el cadaver lo había dejado encima de una de las mesas auxiliares y allí seguiría. Quizás Miguel ya estaba conduciendo el coche funebre en dirección al cementerio, tenia que hacer ruido dentro del ataúd para que me escuchase.Con todas mis fuerzas golpeé el techo del ataúd en el que me encontraba, una vez, dos veces, tres veces… no se cuanto tiempo estuve golpeando, pero al cabo de un rato me dolían las manos. La lividez del cuerpo se hacia mas evidente y el olor a formal y a muerte se metía en mi nariz como nunca antes. Y yo solo me torturaba una y otra vez pensando en lo mala idea que había sido todo esto. Volví a golpear con todas las fuerzas que tenía, una vez y otra vez, entonces se hizo evidente un detalle importante… al golpear, el sonido no hacía eco, era un sonido pesado. Oh no! Oh no! Estaba bajo tierra!! Me habían enterrado junto con Alberto! Grite con todas mis fuerzas… Socorro!! Ayuda!! Por favor, ¿¿alguien me escucha?!!! ¡¡¡SOCORRO!! ¡¡¡SOCORRO!!!! Notaba la presión en mis sienes, mi corazón a mil por hora… como no se había dado cuenta Miguel que el ataúd pesaba mas de lo normal???! Como no se había dado cuenta de que yo no estaba por la sala???! Al cabo de unos meses, un juez pidió la exhumación del cadaver de Alberto, ya que se había abierto una investigación sobre su muerte, la familia tenía sospechas de que no había sido un suicidio, sino un envenenamiento. Era una tarde lluviosa, habían pasado varios meses desde su defunción, el enterrador no paró de quejarse durante el trabajo de abrir la losa y entre varios hombres subieron el ataúd, que era especialmente pesado. El ataúd fue trasladado al Instituto Anatómico Forense para realizarle unas pruebas que verificaran que la causa de la muerte había sido por envenenamiento y confirmaran las pesquisas del juez. La sorpresa fue mayúscula al encontrar mi cadaver junto al del Alberto. Una expresión de horror ocupaba mi rostro, mis uñas estaban clavadas en el techo del féretro, en un intento desesperado por salir de allí, había perdido varios dientes al golpear mi cabeza contra el ataúd para intentar romperlo. Nunca nadie me echo de menos, mi madre dio por hecho que me había pirado a Londres sin decirle nada, como tantas veces le dije y no dio aviso a la policía por mi desaparición. Miguel pensó que había acabado mi turno y me había marchado sin despedirme, como ya había hecho en otras ocasiones anteriores. No tenia a nadie mas que me echara de menos, como dije
en un inicio, mi muerte fue tan extraña como mi existencia, una vida complemente vacía.

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Carmilla

‘EL DUENDE’ ———– Noche de Halloween,pasada la medianoche.La noche es fría y llueve muchísimo.En el interior de la comisaría,todo es un caos de personas que van y vienen. Unos con sus uniformes,otros de paisano. En una sala de interrogatorios,dos agentes se miran con consternación. Frente a ellos,medía encogida en una silla al otro lado de la mesa se encuentra una niña de no más de 12 años. Está despeinada,con la mirada aparentemente perdida. Lleva un pijama rosa…Pero tiene sus pequeñas manos manchadas de sangre. Desde que fue traida en coche patrulla hasta aquella fría sala de interrogatorios la pequeña no ha despegado los labios. Uno de los agentes murmura: – Pequeña, ¿ Pudiste ver quién lo hizo ? La niña fija sus ojos negros en los ojos del policía respondiendo claramente: – Fué ‘el duende’,señor…Yó lo ví…Pero nadie me cree… Al momento,la puerta de la sala de interrogatorios se abre y una joven de no más de 25 años aparece en la entrada vistiendo vaqueros azules,botines marrones a juego con su cazadora de piel y bolso y un cálido jersey color beige. La joven mira a la niña y exclama acercándose a ella: – ¡ Carla ! – ¡ Tía Cora… ! La niña salta de la silla aferrándose llorosamente a la joven quien mira a los agentes seria apartándose el cabello castaño de la cara diciendo: – Tranquila,Carla…Déjame hablar con los agentes, ¿ Sí ? Minutos más tarde,mientras la niña está tomando una bebida caliente su joven tía está hablando con los agentes: – Carla siempre ha sido una niña muy tranquila. Si bien es cierto que su tutora advirtió a su madre de que a la niña le cuesta hacer amigos en la escuela,jamás han tenido problemas… – ¿ Es ustéd hermana de la fallecida ? La joven asintió con preocupación antes de murmurar nerviosamente: – ¿ Qué fué lo que pasó ? Sólo sé que recibí una llamada a mi casa desde la comisaría diciéndome que mi hermana había fallecido…Y que mi sobrina ha sido su asesina. Uno de los agentes suspiró diciendo: – Encontramos a Carla saliendo de la casa con un hacha en las manos… – ¿¡ Un hacha !? ¡ Pero…Pero si Mary jamás ha tenido ese tipo de armas en la casa ! Exclamó la joven completamente asombrada. El otro agente comentó: – Carla parecía en estado de shock cuando nos acercamos a ella. No dejaba de decir que ‘a su mamá la había matado un duende…’ – De hecho,todavía afirma que el asesinato de su madre lo hizo alguien a quien ella llama insistentemente ‘el duende’… – Dios mío… Murmuró la joven llevándose una mano a la frente antes de exclamar mezclando enojo y tristeza: – ¡ Le pedí a Mary que no se le ocurriera hacer ese repugnante juego…! ¡ Estas son las consecuencias ! Los agentes se miraron antes de volver a mirar a la joven: – ¿ Un juego ? Cora asintió dejando caer las lágrimas intentando serenarse antes de empezar a relatar algo que había sucedido aquella misma noche,unas pocas horas antes… —————————————————————————————– – Cuando éramos niñas,a Mary siempre solía encantarle la noche de Halloween y todo cuanto tuviera que ver con las cosas misteriosas. Una noche como ésta,nuestro abuelo nos hizo un juego para mantenernos entretenidas junto a los hijos de los vecinos después de nuestra fiesta de golosinas. El truco consistía en tener un lápiz diminuto. Tan diminuto,que podías esconderlo sin que los pequeños supiéramos que lo tenía. Entonces,mi abuelo nos dijo que él conocía a un duende invisible al que se le podian hacer preguntas, pero sólo durante la noche de Halloween. Para mantener el engaño,cada vez que hacíamos una pregunta,apagábamos la luz y nos quedábamos a oscuras.Así nuestro abuelo utilizaba su lápiz para responder escribiendo rapidamente sobre una hoja de papel que colocábamos en la mesa. A Mary aquello le gustó de tal manera que muchos años más tarde,consiguió que nuestro abuelo le contase el secreto de ‘su duende mágico’ cuando ya éramos adolescentes.Pero…Jamás imaginé que fuera capaz de usar ese juego con Carla… Ante el silencio de los agentes,Cora los miró preguntando: – Carla tiene 12 años, pero no deja de ser una niña… – ¿ Piensa que la pequeña se sugestionó ? Comentó uno de los agentes mientras la joven decía: – ¿ No han oido nunca la historia del niño que se mató al arrojarse desde la azotea de su casa con una sábana anudada al cuello creyendo que era ‘Supermán’ ? ¡ Los niños son altamente sugestionables ! ¡ Si les dices que existe Papá Noel,lo creerán ! – Y si les dices que conoces a un duende al que se le puede hacer preguntas… Murmuró el otro oficial,antes de mirar a la joven diciendo: – Está bien…La dejaremos con la niña en la sala y nosotros no la perderemos de vista. Estaremos mirándolas desde el espejo,al otro lado de la habitación… Cora asintió,sonriendo debilmente antes de regresar a la sala de interrogatorios donde Carla había terminado su bebida caliente y esperaba en pijama,de nuevo sumida en el silencio… —————————————————————————————————— – Carla,cariño… Comentó su tía mirándola a los ojos mientras comentaba: – ¿ Mamá te dijo que conocía a un duende al que podías hacer preguntas en la noche de Halloween ? Los ojos de la pequeña miraron a su tía,antes de mover la cabeza asintiendo lentamente. Cora sonrió diciendo: – Era divertido, ¿ Verdad ? – Al principio,sí…Pero después… Murmuró la niña,antes de morderse el labio inferior como si quisiera ocultar algo terrible. Cora sonrió preguntando: – ¿ No te divertiste preguntando ? – Cuando estuve jugando con mamá,todo iba bien…Fue más tarde,cuando me iba a dormir…No tenía nada de sueño y quise jugar a seguir preguntando…Puse una hoja de papel en el suelo, me senté,y apagué la luz para que me respondiera… – Aha… Sonrió Cora,añadiendo: – Y entonces, no te contestó… – ¡ Oohh…Sí ! ¡ Sí que lo hizo ! Sonrió Carla, y el rostro de Cora pasó de la sorpresa inicial a tornarse intrigado mientras preguntaba: – Pero…Se supone que el duende no puede contestar si no está mamá contigo… – ¡ A mí me contestó ! Y…No me gustó lo que me puso en el papel… – Carla… Murmuró su tía sintiendo que la voz se le hacía más débil mientras un horrible escalofrío serpenteaba por su espalda: – Carla, ¿ Qué te escribió el duende en el papel ? La pequeña se quedó seria antes de susurrar nerviosamente: – No quiero decirlo… – Cariño,no hay nadie aquí…Estás a salvo conmigo… – ¡ No es cierto ! Exclamó la niña mirándola llena de angustia diciendo a punto de llorar: – ¡ Eso también lo decía mamá,y ahora ya no está…! ¡ Él la mató ! – ¿ Quién mató a Mary,Carla ? – ¡ Ya te lo he dicho ! ¡ Fué el duende,tía Cora ! ¡ Y nadie me cree ! ¡ Dicen que yó mate a mamá, pero no es cierto ! ¡ Yó lo ví hacerlo ! Carla abandonó la silla poniéndose en pié mirando a su tía enloquecida exclamando: – ¡ Salió bajo mi cama y tenía un hacha ! – ¡ Carla ! – ¡ Corrió por el pasillo y entró en la habitación de mamá ! ¡ Él…Se reía ! ¡ Y mamá gritaba y gritaba, y todo se llenó de sangre ! – ¡ Carla,basta ! Exclamó Cora abandonando también la silla para abrazar a su sobrina quien terminó su relato temblando contra su pecho mientras lloraba diciendo: – ¡ Y entonces…Mamá dejó de gritar…! ¡ Y el duende salió de la habitación…Vino hacia mí…Me sonrió…Me dió el hacha y se fué…Desapareció…! ———————————————————————————————————– Acordaron que la pequeña Carla necesitaba ser ingresada en un centro para niños con problemas mentales hasta que pudiera estabilizarse de nuevo. Sin duda,pensaban que la niña había quedado horriblemente traumatizada por el crimen de su madre. Cora se trasladó con un oficial en un coche patrulla a la casa de su hermana para recoger algunas perten
encias de su sobrina. La joven evitó por todos los medios acercarse a la habitación donde Mary había fallecido,que ahora estaba precintada con la cinta de la policía donde se decía que no se debía traspasar el cordón de seguridad para así evitar destruir pruebas. Ya en la habitación de la niña,Cora abrió la maleta que había traido para colocar las pertenencias de su sobrina y andaba en plena tarea,cuando encontró la fatídica hoja en el suelo.Lentamente,Cora se agachó a recogerla para mirar qué ponía. Reconoció la letra de su sobrina,pero palideció al no reconocer la otra escritura: ¿ POR QUÉ ME LLAMAS ? ¡ DUÉRMETE ! C – Es que no tengo sueño… ¡ LAS NIÑAS BUENAS SE DUERMEN Y NO LES PASA NADA ! ¡ ERES UNA NIÑA MALA ! C – ¡ No soy una niña mala ! ¡ LAS NIÑAS MALAS,SE QUEDAN SÓLAS EN EL MUNDO ! ¡ TÚ YA NO TIENES ABUELOS, NI PAPÁ ! ¡ AHORA,POR SER UNA NIÑA MALA Y NO DORMIRTE, PERDERÁS A TU MAMÁ ! C – ¡ No digas eso ! ¡ Ya me acuesto ! ¡ DEMASIADO TARDE ! Y más abajo,decía con letras grandes: ¡ VOY POR TU MAMÁ ! Cora dejó caer la hoja sobre la cama cubriéndose la boca con ambas manos con los ojos abiertos de par en par llena de pánico. ¡ Allí estaba la prueba de que alguien se había escondido en la habitación de Carla para asesinar a su madre ! Cora entregó la hoja al oficial para presentarla como prueba antes de pasar por el centro para llevarle la maleta a su sobrina. Carla la recibió en la habitación que le habían asignado.Ahora vestía un chandal blanco y estaba sentada en la cama.Al ver a su tía volvió a abrazarla con un suspiro mientras Cora sonreía acariciándole el cabello diciendo: – Tranquila,amor…Verás que pronto dejarás este sitio y te vendrás a vivir a casa…Encontré la hoja donde hablaste con ese duende…La policía lo encontrará… – No podrán encontrarlo… Murmuró Carla mirando a su tía a los ojos diciendo: – Él es un duende…Una criatura mágica,tía Cora… – Carla,los duendes no existen… Empezó a decir su tía cuando la niña exclamó: – ¡ Sí existen ! ¡ Mató a mamá ! – ¡ Carla… ! – ¡ Leíste la hoja, tía Cora…! ¡ Mató a mamá porque soy una niña mala que no se acostó cuando se lo dijeron… ! – ¡ Carla,no eres mala,cariño… ! – ¡ Sí,sí que lo soy…! ¡ Por eso me quedaré sóla… ! Lloró la niña sentándose sobre la almohada de la cama apretando los puños mirando a su tía diciendo: – ¡ Primero perdí a papá…Y ahora a mamá… ! ¡ Soy muy mala, tía Cora…Y él lo sabe,porque ahora…Ahora…! Un sonido de un objeto metálico que era arrastrado lentamente contra el suelo,hizo palidecer a Carla diciendo en un gemido a su confundida tía: – Ahora, tía Cora…”Viene a por tí…” Los ojos de Cora bajaron hasta la zona oscura bajo la cama. De allí,lentamente,empezó a asomar el filo de un nuevo hacha cuyo espantoso brillo revelaba lo bien que había sido afilada…El grito de Cora se confundió con una espantosa risa,antes que comenzara el festín de la sangre…Cuando los enfermeros acudieron a ver qué pasaba encontraron a una llorosa Carla portando el hacha en sus manos,y el cuerpo de su tía Cora convertido en una masa de carne sanguinolenta. En una de las paredes de la habitación,encontraron el siguiente mensaje: “LAS NIÑAS MALAS SE QUEDAN SOLAS” Carla,sólo pudo murmurar: – ¡ Yo no lo hice…Ha sido el duende…! ¡¡ HA SIDO EL DUENDE !! -FÍN-


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Macu verdú

Era yo muy niña por aquel entonces pero lo recuerdo todo como si de hoy mismo se tratase. Aquel caserón quedaba lejos y cerca de todo… digo lejos, porque se encontraba en el fondo de un barranco, pero se veía desde la curvada carretera, donde mi madre dejaba el coche en la cuneta con peligro de ir al precipicio. Bajábamos por estrechas veredas que cruzaban pequeños terrenos, y recuerdo la boca de un estanque enorme, que no tenia protección, y donde la vereda parecía que se había puesto de acuerdo con el mismo diablo, porque se estrechaba aún más de forma que si resbalabas, no te librabas de hacerle compañía a las ranas. Aquel camino… llevaba a un sinfín de casas destartaladas que se encontraban bastante distanciadas las unas de las otras. Y cuando digo bastante, es bastante… Apunto este dato porque es muy relevante para los hechos que acontecieron. La que nos ocupa era una casona típica canaria con un patio central y veinte mil puertas por donde podías entrar y salir descontroladamente. Al entrar por la supuesta puerta principal… el portón…encontrabas una escalera de piedra y una barandilla de madera que te llevaba a lo que llamaban “el corredor”, donde supuestamente estaban las habitaciones. Pero en las que no dormía nadie jamás. Y en las que estaba prohibido subir… o simplemente… con las miradas ya sabías que no podías ni debías subir. Sinceramente tampoco es que apeteciera, pero estimulaba la curiosidad. Sólo una persona lo hacía, la mayor de una amplia saga, solterona que vivió y murió allí. Como digo… cuando habías atravesado todas las serpentinas, te encontrabas con una larga y estrecha vereda privada, que nos llevaba a divisar una enorme puerta verde, vieja y con un agujero por donde podías meter algunos dedos para abrirla. Lleno de flores porque así la madre naturaleza lo había determinado, y de escurridizo barro en invierno. No había luz, ni agua. Parece mentira pero hace tan solo unos cuarenta y cinco años, la mayoría de las casas no sabían de estos inventos. Tanto es así, que cuando anochecía hasta no vernos las caras, se encendía una triste vela. Y para llegar de nuevo hasta la carretera principal, encendíamos un mechón de petróleo para ver por las veredas donde íbamos en línea y sin perder los pasos del que llevábamos delante. Jamás mirábamos hacia atrás, y ahora me doy cuenta de que no íbamos precisamente despacio por aquella soledad oscura. Con el tiempo pasó a tener un triste bombillo a la entrada. Pero que nos daba el consuelo de que algo estaba cambiando. Se me olvidaba un detalle importante, en el patio había una escalera enorme que daba a la cocina, no tenía barandilla y cuando llovía evidentemente te empapabas. Pero recuerdo ver bajar a mi tía abuela con la mano temblorosa, con la cafetera en una y en la otra un plato con algunas tacitas, para poner el café a la visitas. Era de verdad heroica y hasta circense ver aquel equilibrio a una mujer tan mayor y que empezaba a tener Parkinson. Aquella casa había sido de mi tatarabuela, luego de mi bisabuela a la que conocí.” Madre Mariquita” que no sé si era coincidencia, o a todo el mundo le llamaban igual. La recuerdo de negro, sin dentadura, pañuelo atado con un nudo a la nuca y unas finas y redondas gafas. Sentada bajo el techo de lo que arriba era el corredor, en una silla de madera con el espaldar redondo y que sacaba los brazos como acogiéndola. Allí se pasaba el día con su delantal donde nunca entendí como sacaba tantas cosas para los niños que íbamos a verla. Su hija mayor y soltera la cuidó hasta su muerte y luego ella pasó a ser el eje principal de la casa. Aquella casa que siempre había estado llena de hijos aproximadamente diecisiete, de nietos, bisnietos fue cada vez quedándose más y más vacía. El secreto de por qué se quedó soltera a pesar de que había sido muy guapa y buena gente se fue con ella. En toda su vida había bajado a la capital unas cinco o seis veces por motivos muy relevantes. Un traje desaliñado y un delantal permanente, fueron siempre su peculiar fondo de armario. Y fue con ella, que las nuevas generaciones descubrimos un secreto a voces que los mayores que habían vivido entre esas paredes habían ocultado. Llevaba una vida de clausura voluntaria privándose de todo. Tenía un gesto que repetía mucho, quitarse y ponerse el pañuelo que al contrario de su madre lo llevaba anudado al cuello. Y un zapato diferente a otro. Algunos años mas tarde y ya con una edad que sobrepasaba de largo los noventa, aquella mujer solitaria se postró en cama. Como era natural, todas las mujeres de la familia que eran muchas, hermanas y sobrinas llegaron a un acuerdo. Sólo una de sus hermanas vivía en la carretera principal y podría bajar y subir durante el día. Pero por la noche ponía una condición. Una vez terminados sus quehaceres bajaría nuevamente desde su casa a la casona, pero siempre que se quedaran con ella. Así se hizo…las sobrinas entre las que se encontraba mi madre (la mayor) se pusieron de acuerdo, para quedarse cada noche dos haciéndole compañía, ya que tenían que desplazarse desde la capital, y volver después de pasada la noche. Hasta que el fatal desenlace terminara con la vida de Esperanza, que así se llamaba. Llegó la primera noche y las tres mujeres dos sobrinas y tía, se dispusieron a bajar hacia la casa a través de la oscura y solitaria noche, dispuestas a pasar la velada lo mejor y más rápido posible. No eran horas de ir hablando a pesar de la soledad del camino, pero en el silencio escucharon unos pasos de botas de campo con tachas, que les seguía muy de cerca. Se pararon y ya no escuchaban nada. Ellas llevaban zapatos planos, y además era imposible que sonaran de aquella manera sobre la tierra de la vereda. Pero una cosa era segura, alguien a quien no veían iba detrás. Muertas de miedo aceleraron el paso por recomendación de mi tía. Cuando llegaron al portón de entrada se abalanzaron a entrar y cerraron de un golpe la puerta. En ese momento aun tras ella, escucharon las botas sobre el cemento lavado, y como se paraba en la puerta, en ese momento tocó y tocó. Mi tía que era una mujer muy atrevida abrió pero allí no había nadie. Pusieron un palo para asegurar la puerta. Pero los pasos seguían llegando una y otra vez hasta la puerta. Como si estuviese haciendo guardia. Ni durmieron ni esas dos sobrinas volvieron a cuidarla. La siguiente noche le tocó a mi madre, ella iba sola con su tía. Bajaron un poquito más temprano, para evitar el peso de la noche. Todo genial, pero una vez llegada cierta hora mi tía recomendó cerrar el portón e irse a dormir. Justo cuando iban a colocar el palo tras la puerta llegaron nuevamente los pasos. Las dos pensaron que lo oportuno era acostarse, dormir y pasar cuanto antes la noche. Pero en cuanto mi madre puso la cabeza en la almohada la levantó a la velocidad de la luz. Habían multitud de voces hablando al mismo tiempo, no se entendía nada de lo que decían, pero sí una cosa, destacaba por encima de todas una voz de hombre. Mi tía volvió a recomendar que pasara e intentara dormir, no era la primera vez que ella las escuchaba. Mi madre volvió a poner la cabeza en la almohada con la intención de hacerle caso, y volvía a oír un escándalo de voces que no se entendían, según ella es como si balbuceasen. Pero la voz de hombre seguía sobresaliendo por encima de todas. ¿Sería el que llegaba hasta el portón cada noche con los zapatones de tacha y tocaba? Macu Verdú Resumen de un relato real que continúa….


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Moisés

LA CASA ABANDONADA En un pueblo de la Comunidad Valenciana ocurrieron estos hechos cuya noticia llegó hasta el periódico Cinco chicos se reunieron en una vieja y solitaria casa abandonada en mitad de tierras de huerta con el fin de hacer espiritismo. Lo prepararon todo, comenzaron, y como en cada sesión que se precie, uno de ellos, el portavoz, hizo la cuestión de inicio: “Si hay alguien que te moleste aquí, dinos quien es y se irá”. El vaso indicó dos nombres, los dueños de los nombres se miraron sorprendidos y se despidieron de los otros tres. Volverían al pueblo caminando. Ya se verían más tarde. Dejaron a los otros tres con su sesión de espiritismo y conversaron por el camino. Cuando llevaban unos cien metros andados escucharon un ruido y se giraron: la casa caía derrumbándose sobre los tres chicos que se habían quedado en la sesión espiritista. A LAS 8 El chico en cuestión se llamaba Angel (no exactamente así, pero casi, obsérvese el significado del nombre: ángel). Tenía catorce años, y llevaba unos días en el hospital porque vomitaba todo lo que comía y tenía mucha fiebre. En pocos días de enfermedad su cuerpo se había estirado hasta el punto en que sobrepasaba los dos metros cuando lo metieron en la ambulancia, y tuvieron que flexionar sus rodillas en la camilla. En el hospital le hicieron muchísimas pruebas buscando una causa. La madre sospechaba de un envenemiento, pero ningún médico supo decir qué tenía. ¡Sólo tenía catorce años y no había comido nada en días!. Su cuerpo no lo toleraba. El ocho de abril de aquel año, su tía, nerviosa e impaciente porque los médicos llenaban a su sobrino de pastillas y no le curaban ni conseguían averiguar qué le ocurría, decidió irse del hospital y visitar al que fuera su pediatra durante años. La madre salió a dar una vuelta por los pasillos del hospital mientras Angel hablaba con su hermano y la novia de éste. – Me voy a morir. – No digas eso, -le dijo la futura cuñada- aún tienes que venir a nuestra boda. Cuando la madre llegó no quisieron decirle nada y les dejaron a solas. Angel tomó su reloj, puso la alarma y le dijo a su madre que dejara el reloj sobre la mesilla. La madre se giró, y la alarma sonó. En ese mismo instante a su tía se le bloqueó el volante en la misma puerta del hospital. Un hombre que apareció de la nada le dijo unas palabras muy misteriosas, y acto seguido ella alzó la mirada y el tipo ya no estaba. El hombre y el bloqueo del volante le hicieron reaccionar y salió rauda del coche para entrar de nuevo en el hospital. Cuando llegó a la habitación, todos lloraban. Al sonar la alarma que Angel había puesto a las ocho el día ocho de abril, su alma abandonó su cuerpo, y su madre lo supo desde el mismo instante en que oyó el primer pitido.


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